Carlos Pulpón

Pese a haber tenido siempre inquietudes artísticas que le condujeron a la pintura, la danza clásica y la música, Carlos se decantó por las artes escénicas después de graduarse en Traducción e Interpretación y trabajar en ese campo. Este recorrido inusual le ha llevado a desarrollar una relación estrecha con la palabra que combina con su pasión por lo performativo y los nuevos lenguajes.

Desde 2019, dirige Quemar las Naves. Ha pasado por el Festival de Otoño, 21 Distritos, BLV-Art, el Teatro de la Abadía y salas off. El Cultural le nombró una de las promesas de la dramaturgia española en 2022. Ha podido trabajar como intérprete del Pont Flotant, Grumelot, Rodrigo García, El Conde de Torrefiel, Colectivo Suga, Sharon Fridman, Ana Murugarren, Emiliano Spampinato e Ilan Rosenfeld. Fuera de escena ha sido ayudante de dirección y producción de Antonio Rojano, Grumelot y Raquel Alarcón.Se forma en la Escuela Nave 73 con Grumelot y ha entrenado entre otros con Pablo Messiez, Mónica Valenciano, el Niño de Elche, Claudia Castellucci, Fernanda Orazi...

Actualmente trabaja en el desarrollo de Ectoplasma junto con David Herráez. Se trata de un proyecto de investigación, creación y mediación sobre la memoria individual y colectiva como espectadoras de teatro, danza y performance, que invoca las huellas de obras, artistas y espacios que han marcado el imaginario de las artes vivas, muchas veces invisibilizadas o borradas.

Situándose en la frontera entre lo íntimo y lo político, entre lo efímero y lo que insiste en permanecer. En este camino la compañía ha dialogado y compartido memoria con figuras como Paz Rojo, Rodrigo García, Mónica Valenciano o Mateo Feijóo, y han recibido el respaldo de instituciones que apuestan por lo experimental, como La Casa Encendida y La Poderosa, que han acogido residencias del proyecto. En estos contextos han desarrollado tanto la vertiente escénica como la comunitaria de Ectoplasma: la primera, sobre el escenario, donde evocan y reescriben el legado de un teatro “raro” teñido por el imaginario del espiritismo; la segunda, en espacios de mediación y encuentro, donde artistas, gestores y público participan en la construcción de un archivo vivo que se alimenta de memorias compartidas.

El proyecto pretende difundir respetuosamente estos trabajos, generar un espacio donde compartir la experiencia que se comparte como público y componer un ritual contemporáneo para dialogar con materiales que podrían considerarse muertos.



Pese a haber tenido siempre inquietudes artísticas que le condujeron a la pintura, la danza clásica y la música, Carlos se decantó por las artes escénicas después de graduarse en Traducción e Interpretación y trabajar en ese campo. Este recorrido inusual le ha llevado a desarrollar una relación estrecha con la palabra que combina con su pasión por lo performativo y los nuevos lenguajes.

Desde 2019, dirige Quemar las Naves. Ha pasado por el Festival de Otoño, 21 Distritos, BLV-Art, el Teatro de la Abadía y salas off. El Cultural le nombró una de las promesas de la dramaturgia española en 2022. Ha podido trabajar como intérprete del Pont Flotant, Grumelot, Rodrigo García, El Conde de Torrefiel, Colectivo Suga, Sharon Fridman, Ana Murugarren, Emiliano Spampinato e Ilan Rosenfeld. Fuera de escena ha sido ayudante de dirección y producción de Antonio Rojano, Grumelot y Raquel Alarcón.Se forma en la Escuela Nave 73 con Grumelot y ha entrenado entre otros con Pablo Messiez, Mónica Valenciano, el Niño de Elche, Claudia Castellucci, Fernanda Orazi...

Actualmente trabaja en el desarrollo de Ectoplasma junto con David Herráez. Se trata de un proyecto de investigación, creación y mediación sobre la memoria individual y colectiva como espectadoras de teatro, danza y performance, que invoca las huellas de obras, artistas y espacios que han marcado el imaginario de las artes vivas, muchas veces invisibilizadas o borradas.

Situándose en la frontera entre lo íntimo y lo político, entre lo efímero y lo que insiste en permanecer. En este camino la compañía ha dialogado y compartido memoria con figuras como Paz Rojo, Rodrigo García, Mónica Valenciano o Mateo Feijóo, y han recibido el respaldo de instituciones que apuestan por lo experimental, como La Casa Encendida y La Poderosa, que han acogido residencias del proyecto. En estos contextos han desarrollado tanto la vertiente escénica como la comunitaria de Ectoplasma: la primera, sobre el escenario, donde evocan y reescriben el legado de un teatro “raro” teñido por el imaginario del espiritismo; la segunda, en espacios de mediación y encuentro, donde artistas, gestores y público participan en la construcción de un archivo vivo que se alimenta de memorias compartidas.

El proyecto pretende difundir respetuosamente estos trabajos, generar un espacio donde compartir la experiencia que se comparte como público y componer un ritual contemporáneo para dialogar con materiales que podrían considerarse muertos.



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